Vivir una Cuaresma Franciscana.

Múltiples son los testimonios de San Francisco de Asís con respecta a la observancia de los días santos. Se cuenta por ejemplo en el capítulo 7 de las “Florecillas de San Francisco” un episodio de la vida del santo que habla que pasó una cuaresma completa en una pequeña isla deshabitada en medio de un lago y que no cargó más que con dos panecillos para comer. Después de cuarenta días ahí, a su regreso en jueves santo se descubrió que solo comió la mitad de uno de aquellos dos panecillos como signo de humildad, para no igualar su ayuno al ayuno perfecto que logró Jesús cuarenta días y cuarenta noches en el desierto.

Este pasaje nos habla de mucho sobre la mística franciscana. San Francisco fue un hombre de fe que vivía intensamente los tiempos de gracia, como la Cuaresma. Es muy seguro que nosotros, injertados en el ajetreo del mundo, nos pueda parecer una observancia imposible de seguir. Pero podemos lograr mucho si somos conscientes dentro de nuestras respectivas realidades apartarnos de todo lo que no es Jesús: pecado, vicios, rencores, tristeza, etc. y quedarnos, como Francisco, con Jesús, no solo desde una experiencia externa, sino invitarlo a que entre hasta lo más hondo del corazón, para que Él nos transforme. Esto puede ser una buena aproximación para vivir una Cuaresma franciscana.

La Cuaresma (así como todos los tiempos litúrgicos) va más allá de una conmemoración histórica, sino que es más bien una oportunidad de vivir con Jesús: configurarse con Él desde nuestra humanidad, con un corazón humilde, confiando más en su gracia que en nuestras fuerzas; reconociendo siempre todo el mérito y gloria al Señor Jesús. Si nos configuramos con Cristo, haciéndonos menores y enalteciendo a Dios, brotará inevitablemente lo mejor de nosotros dejando atrás nuestros odios, ansiedades, depresiones, amarguras y poses.

Bien nos a dicho Jesús: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz de cada día, y sígame.» (Lc 9, 23), dejemos pues que sea Cristo nuestro camino y nuestra meta. No estamos sólos: Vamos en fraternidad. Pidamos los unos por los otros para que en esta próxima Pascua -y en la eterna- Cristo nos muestre su rostro y nos conceda su paz.

Paz y Bien

https://espirituyvidaofm.wordpress.com/

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